jueves, 10. enero 2008
Otra vez, el gran bazar de los idiotas
castorius, 05:17h
¿Qué puede pasar con un niño que nace en medio de la selva humeda tropical amazónica o en lo alto de una montaña gelida de los Andes, en la que se oculta ese mounstruo aberrante que es la guerrilla colombiana? ¿Qué puede pasar con un bebe nacido allí dónde se esconde ese cobarde oxímoron que tanto daño le ha hecho a nuestro país, como bien lo dice María Jimena Duzan en su columna del día de ayer? ¿Podría un bebe sobrevivir a las absurdas e inhumanas condiciones a las que son sometidos los secuestrados colombianos?
Soy consciente de que las preguntas planteadas no solo han dejado de ser absurdas para convertirse en ofensivas, sino que ante la insistencia de los “uribistas medios de comunicación colombianos” que nos mostraron un video de Ingrid a todas horas y por todas partes, pareciera que tan solo perder tiempo divagando sobre ellas, es un despropósito irreverente y sádico, frente al recuerdo de esas mismas imágenes que conmovieron, hace apenas unas semanas al mundo entero.
Pues bien, en pasadas horas un par de buenos amígos [médicos, lamentablemente] me confrontaban a través de estos modernos medios de conversación que nos ofrece la tecnología, para ufanarse de su “acertado y acendrado uribismo” que una vez más(!) se había anotado un gol: había descubierto la gran mentira de las FARC con respecto a Emmanuel.
En efecto, nuestra “inteligencia militar” guiada por el mandatario más soez y peor hablado que ha tenido nuestro país, había descubierto (!) que el niño Emmanuel no se encontraba ya más “secuestrado por la guerrilla” en las “montañas de Colombia”, sino que vivia en algún centro del ICBF. Por ende, los más eximios genetistas del mundo entero habían sido convocados por nuestro gobierno, para confirmar ese “sublime hallazgo” de nuestro “genial mandatario” y su séquito. Mis amigos debieron ocuparse de algún contacto con esos otros expertos galenos extranjeros, (ahí la razón de nuestro tema de conversación).
No sé como debería describir la sensación que me produjo lo absurdo de la situación: No hay que ser médico (como mis amigos), mucho menos genio y menos aun, tener mucho sentido común, como para no tener claro que luego de un corto periodo de tiempo (no más de dos años) un niño nacido en semejantes condiciones infrahumanas, no habría podido supervivir sin vacunas contra el paludismo y otras enfermedades, ni a la desnutrición o a otra serie de graves calamidades que día a día amenazan gravemente, incluso a los adultos que se encuentran en poder del sin sentido que constituye la guerrilla colombiana. Pero más aún, si esa misma guerrilla había enarbolado la “negociabilidad de un inocente nacido bajo su maldita e ilegítima opresión” era de esperarse que por lo menos ese niño estuviera relativamente bien.
Por unos segundos me dí cuenta, frente a las sonrisas pintadas de mis amigos de algo, sentí y hasta estuve plenamente convencido de que el más grande problema de nuestro país, no es la maldita guerrilla, ni la barbarie paramilitar, menos aún el país mafioso y narcotraficante que heredamos [seguimos viviendo y negamos] de Lehder, de los Ochoa y de “Pablito” como lo llaman jocosamente mis amigos europeos. Tampoco lo es la solapada culpa que los medios de comunicación colombianos cargan en todo esto, cuando hacen hasta lo innombrable para mantener unas “encuestas de popularidad”. No, ninguno de esos es nuestro peor problema.
Cuando siete millones de colombianos salen a gritar a coro con los noticieros de las siete de la noche que es un “triunfo intelectual de nuestro presidente”, un descubrimiento semejante al descrito en estas líneas, siento que el peor problema de nuestro asolado país desafortunadamente es ese “apoyo de los idiotas” que en tantas oportunidades se ha descrito en la literatura: ese apoyo de los grandes ciudadanos que antes de dedicarse a repensar su sociedad, hacen dinero y celebran los logros del “guía” que les permite hacer ese dinero (casi siempre en Colombia: poco dinero) o que les permite sentirse liberados de problemas que en realidad no entienden, no quieren entender o no les permiten entender los otros: Aquellos que guian a los primeros de la mano al Bazar de su felicidad.
Vale parafrasear lo que refería Grass, al hablar del opio enajenante de la hambrienta población alemana durante el nacionalsocialismo, cuando mencionaba que Hitler no mato un solo judio con sus manos. Los judios fueron muertos a manos de los seguidores de aquel. Recordemos que los Judios también querían “limpiar su sagrada raza” a principios de la década de los treinta del siglo pasado. Por supuesto que a los secuestrados en Colombia no los está matando Uribe...
Momentos después, solo quise pensar que el equivocado era yo y que en realidad podemos encontrar soluciones concertadas para una sociedad consecuente, que verdaderamente quiere salir adelante... aún ahora lo creo... ustedes qué creen?
Soy consciente de que las preguntas planteadas no solo han dejado de ser absurdas para convertirse en ofensivas, sino que ante la insistencia de los “uribistas medios de comunicación colombianos” que nos mostraron un video de Ingrid a todas horas y por todas partes, pareciera que tan solo perder tiempo divagando sobre ellas, es un despropósito irreverente y sádico, frente al recuerdo de esas mismas imágenes que conmovieron, hace apenas unas semanas al mundo entero.
Pues bien, en pasadas horas un par de buenos amígos [médicos, lamentablemente] me confrontaban a través de estos modernos medios de conversación que nos ofrece la tecnología, para ufanarse de su “acertado y acendrado uribismo” que una vez más(!) se había anotado un gol: había descubierto la gran mentira de las FARC con respecto a Emmanuel.
En efecto, nuestra “inteligencia militar” guiada por el mandatario más soez y peor hablado que ha tenido nuestro país, había descubierto (!) que el niño Emmanuel no se encontraba ya más “secuestrado por la guerrilla” en las “montañas de Colombia”, sino que vivia en algún centro del ICBF. Por ende, los más eximios genetistas del mundo entero habían sido convocados por nuestro gobierno, para confirmar ese “sublime hallazgo” de nuestro “genial mandatario” y su séquito. Mis amigos debieron ocuparse de algún contacto con esos otros expertos galenos extranjeros, (ahí la razón de nuestro tema de conversación).
No sé como debería describir la sensación que me produjo lo absurdo de la situación: No hay que ser médico (como mis amigos), mucho menos genio y menos aun, tener mucho sentido común, como para no tener claro que luego de un corto periodo de tiempo (no más de dos años) un niño nacido en semejantes condiciones infrahumanas, no habría podido supervivir sin vacunas contra el paludismo y otras enfermedades, ni a la desnutrición o a otra serie de graves calamidades que día a día amenazan gravemente, incluso a los adultos que se encuentran en poder del sin sentido que constituye la guerrilla colombiana. Pero más aún, si esa misma guerrilla había enarbolado la “negociabilidad de un inocente nacido bajo su maldita e ilegítima opresión” era de esperarse que por lo menos ese niño estuviera relativamente bien.
Por unos segundos me dí cuenta, frente a las sonrisas pintadas de mis amigos de algo, sentí y hasta estuve plenamente convencido de que el más grande problema de nuestro país, no es la maldita guerrilla, ni la barbarie paramilitar, menos aún el país mafioso y narcotraficante que heredamos [seguimos viviendo y negamos] de Lehder, de los Ochoa y de “Pablito” como lo llaman jocosamente mis amigos europeos. Tampoco lo es la solapada culpa que los medios de comunicación colombianos cargan en todo esto, cuando hacen hasta lo innombrable para mantener unas “encuestas de popularidad”. No, ninguno de esos es nuestro peor problema.
Cuando siete millones de colombianos salen a gritar a coro con los noticieros de las siete de la noche que es un “triunfo intelectual de nuestro presidente”, un descubrimiento semejante al descrito en estas líneas, siento que el peor problema de nuestro asolado país desafortunadamente es ese “apoyo de los idiotas” que en tantas oportunidades se ha descrito en la literatura: ese apoyo de los grandes ciudadanos que antes de dedicarse a repensar su sociedad, hacen dinero y celebran los logros del “guía” que les permite hacer ese dinero (casi siempre en Colombia: poco dinero) o que les permite sentirse liberados de problemas que en realidad no entienden, no quieren entender o no les permiten entender los otros: Aquellos que guian a los primeros de la mano al Bazar de su felicidad.
Vale parafrasear lo que refería Grass, al hablar del opio enajenante de la hambrienta población alemana durante el nacionalsocialismo, cuando mencionaba que Hitler no mato un solo judio con sus manos. Los judios fueron muertos a manos de los seguidores de aquel. Recordemos que los Judios también querían “limpiar su sagrada raza” a principios de la década de los treinta del siglo pasado. Por supuesto que a los secuestrados en Colombia no los está matando Uribe...
Momentos después, solo quise pensar que el equivocado era yo y que en realidad podemos encontrar soluciones concertadas para una sociedad consecuente, que verdaderamente quiere salir adelante... aún ahora lo creo... ustedes qué creen?
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