miércoles, 23. enero 2008
De nuevo sobre las palabras
De nuevo sobre las palabras:

Ante tanta insistencia: no porque me lo pidan con premura, sino porque ante tanto emplazamiento enviado, con ese sinnúmero de apreciaciones propias y ajenas sobre el tema, sintiéndome cuando menos convidado - ya no de piedra - a semejante festín analítico de opiniones, me aventuro a presentar pues en desventaja, ya que la política como muchos otros menesteres hace parte de mis muchas precariedades intelectuales, lo que considero que debe ser un llamado previo a la reflexión, antes de seguir de andanada en andanada, otorgando razón a los unos y considerando a los otros, en una cuestión que no es deleznable para el destino inmediato de lo que aún damos en llamar “país”.

Necesario es reconocer, por sobre todo, que el envio de la Guardía Nacional a la frontera ya dejo que el asunto pasara de castaño a oscuro y la “astucia” de salir corriendo a aprovechar un viaje diplomático (entiendo que solo tenía un compromiso de carácter mercantil en Suiza), para pedir apoyo sobre un asunto tan discutible como intrascendente, solo sirve para que la perspicacia de quienes no entendemos muchos avatares del gobierno de nuestra querida patria, vuele nuevamente ligera y tranquila.

Cómo varios de ustedes lo plantearon: Ya nos tocó acomodarnos a la imposición de Sarkozy de no despachar a las buenas y mucho menos a las malas a ninguna comisión legítima, ilegítima, amiga o enemiga que tenga como objetivo la liberación de los que tanto anhelamos.

En pasados días incluso – entiendo que por disuasión telefónica del mismo presidente galo – se aceptó quitar el calificativo de "terroristas" a los “alzados en armas” (como desde que me conozco, siempre se les denominó, entre otras cosas), que – recordemos - fue reacuñado en nuestro tiempo por el peor gobierno norteamericano que haya conocido la historia, en las postrimerías de un atentado contra la humanidad en pleno, ocurrido un inolvidable 11 de septiembre.

Esa acuñación tenía la finalidad exclusiva de legitimar una persecusión sin cuartel contra quienes habrían materializado esos actos.

Posteriormente como bien lo corroboran todos los datos mediáticos al respecto, fue el predecesor de quien nos gobierna, quien díscolo y confundido inició una campaña internacional para que en la creciente lista(!) junto a grupos extremistas del medio oriente, fueran incluidos los nombres de “los alzados en armas” de nuestro país, que evidentemente tanto daño nos han hecho.

Para ponerlo pues en buen romance, vale preguntarse: ¿Si no hubiesen ocurrido los atentados del 11 de septiembre y si no existiera la pírrica literatura de Samuel P. Huntington, estariamos hoy en día llamando a los “alzados en armas” en Colombia “terroristas” todo el tiempo?

Creo que en últimas este es un caso paradigmático de responsabilidad de los medios de comunicación: Por supuesto que no sería la primera vez que la insistencia en clichés informativos y específicamente en calificativos desatan guerras, crean crisis o generan violencia cuando menos. Ese parroquialismo esquizofrenico de llamar nuestras cosas como las llaman los foráneos nos sigue haciendo mucho daño, pero más daño nos hace creer en lo que esos medios promocionan irresponsablemente.

Ahora bien, si la consecución de los objetivos de esos afanes sin sentido de quien no pudo entonces negociar por incompetencia, implicó la inclusión de esos “alzados en armas” en listas negras internacionales, ello no trajo grandes cambios en todo caso; pues como es sabido contra cualquier previsión razonable, no pocos de los así “descalificados” han sido invitados [y han ido, claro! como Pedro por su casa] por gobiernos a tomar el té y a hablar sobre el romanticismo revolucionario latinoamericano, sin que - hasta donde se sabe - ningún funcionario de la Interpol tan siquiera les revise sus valijas o sus uniformes: no pocos cuerpos diplomáticos europeos, así lo han hecho saber y me temo que la lista tanto de esos países como de invitados podría ser larga!

“Terrorista” es de hecho un eufemismo para catalogar a la más absurda barbarie que pudo conocer la humanidad y que lamentablemente se acendró en el territorio que nos vio nacer, a la sombra del tráfico de drogas que además de terminar financiando a ese cancer que ahora solo cultiva, trafica y secuestra, también financia a los otros alzados en armas [“autodefensas” (?) pero a quienes, hace poco, también les quitaron el estatus de terroristas], a la política, a los antiguos ricos y a los nuevos también, a congresistas y hasta a los presidentes!

Discutir si son o no terroristas o si se debe mantener o quitar semejante calificativo – además en el tono en el que se está haciendo - es tanto como pretender eliminar la infidelidad de la esposa en el canapé, vendiendo el canapé, o ¿regalándolo?

Por el contrario, si debemos soportar entonces que cualquiera siga negociando a diestra y siniestra, teniendo en cuenta además la posibilidad de reunir familias dolorosamente separadas por mucho tiempo, y sumándole a eso que en la práctica, para los que nos respaldan en la distancia no hay una diferencia cierta en llamarlos de una u otra manera: pues entonces, perdón: pero por qué carajos no quitar la bendita palabra?

El poder de las palabras es algo que todos los gobernantes deberian aprender. Un texto recomendable es “Tu-Tu” del jurista escandinavo Alf Ross, perteneciente al movimiento del realismo jurídico. Sin embargo como su traductor Genaro Carrio lo dijera: todo mundo debería leerlo!

Para continuar con las citas: “los egos son un asunto simpático” decía U. Eco, y quisiera pensar que son los egos lo que mueve a los dos exacerbados mandatarios, (no su torpeza). Pero si fuera esta la que causa lo que ahora vivimos: es más simpático recordar como cada vocablo tiene mucho poder cuando así se quiere, en tanto que solo “uno” por diminuto que sea, inútilmente puesto, en boca de dos porfiados y sobre todo en la política, puede conducir además en medio del pandemonio, al caos o a la total destrucción. Aprender a subordinar el lenguaje al poder es escuela necesaria para quienes ejercen este último: El problema se acrecienta cuando los mandatarios además de no haber cursado esa escuela, no son tal, sino un enfermo de la casaca y un tosco cultor de la azada:

Muy difícil de conseguir!

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